lunes, 19 de septiembre de 2016

REFLEXIONES SOBRE LA VERDAD



La filosofía hindú persigue la liberación; la griega, a excepción de Pirrón, Epicuro y algunos inclasificables, es decepcionante: no busca más que la... verdad.

Emile Ciorán.


A mis alumnos.
I


La ciencia es un lenguajear, como toda forma de conocimiento humano. Mientras más profundo es ese lenguajear, más complejo, para quienes intenten dominar y descifrar ese difícil arte. Todo acto humano es poético. La VERDAD es inalcanzable, por razones algunas muy obvias, otras un poco más complejas que no mencionaré ahora.
La tecnología nos asombra por su descollante pirotecnia y pereciera ser LA VERDAD.  Estoy convencido que hay formas más deslumbrantes que las tecnologías de información, guardadas en nuestro ínfimo cerebro como por ejemplo la telepatía, la intuición, los viajes astrales y pare usted de contar procesos calificados por la ciencia como esotéricos e irrelevantes porque no son susceptibles de medición.
Quien comienza a lenguajear sobre algún tópico de la existencia, llegará, como un baquiano, a ser el único que tendrá las llaves para abrir esas puertas. El único que tendrá el mapa de esos caminos. Por tanto se convertirá en un mago, un gurú, un chamán, un notable científico, etc.
La matemática puede probar cualquier cosa humana. El lenguaje binario es tan pobre como un píxel.  En el lenguaje matemático la síntesis es el cuadrado. Y en particular la línea recta, cosa que no tiene existencia en el cosmos. La geometría no existe ni nada que se le parezca. El universo se mueve cadenciosamente o no, como un vals, pero no tan acompasado. No existen los compases. Ni tampoco el tiempo. Y las grandes mentes lo saben. La dinámica del espacio no admite la razón humana.
La ciencia, esa nueva forma de chamanismo, es un mecanismo de dominación. Una manera de conservar el control sobre los que han sido históricamente desposeídos de sus actos conscientes. Quien atente contra la ciencia, será tildado de hereje, de satánico, de irreverente, y en algunos casos más puntuales, de forajido. En los peores casos, irá a los centros de control, a los novedosos campos de concentración que se han inventado los humanos, y que ya Foucault y otros han descrito; desde la escuela, hasta las cárceles.
Hay que encontrar nuevas formas de pensamiento que no estén sometidas al yugo de la geometría y de la matemática, formas más libres de pensamiento. El arte es un camino interesante en tanto siga su espíritu primigenio de libertad. Sin embargo, todos sabemos que el arte, hoy por hoy, se encuentra bajo el yugo inclemente de la sociedad de consumo.
En la ciencia se ha lenguajeado a tal profundidad que pudiéramos pasar décadas para poder seguir los pasos, desde los antiguos griegos, y más allá, hasta nuestros días, de teorías y axiomas que las mentes más brillantes han diseñado en cada época. Las matemáticas son una prueba de ello. Sin embargo, cualquier forma de pensamiento, en tanto órbita, es válida y podría llegar a crear su propio entramado complejo de vericuetos y principios. Y digo en tanto órbita porque lo satelital es una forma de inteligencia primaria; un mensaje para seres de pensamiento incipiente como el humano. Esto es, el universo es su propia ética y la ética de todos. Pero no la metaética de la que hace referencia Habermas, sino una ética real, donde ningún objeto, por más descomunal que parezca, se impone a otros. Véase por ejemplo el sistema solar.
Vivimos en una condición ontología que nos hace prisioneros en un cuerpo extremadamente primitivo. No existe la menor posibilidad, al menos en muchísimos siglos, de poder tener una comprensión medianamente sintonizada con el centro del cosmos. Pudiera mencionar muchos ejemplos, pero no es la intención, y creo que redundaría en algo que es público y notorio.
            La ciencia es un lenguaje coherentemente bien elaborado en sus propios términos, como lo es el arte moderno; excepto algunos muy contados felices casos. La ciencia es una suerte de Dios en lo humano. Ningún científico va a negar a la ciencia, como ningún clérigo o monje va a cuestionar a su Dios. El problema está en que  la ciencia se apropia de algunos aspectos que son inherentes a la condición humana, como lo son el pensar, o el investigar. Sin embargo, y para desgracia del método científico, se pueden hacer ambos procesos sin recurrir a la ciencia. De hecho, antes de la aparición de la ciencia, el conocimiento fluía con toda normalidad, puntual y mágico. La frase cogito ergo sum, cuyo axioma se convirtió en el inicio de todo un nuevo paradigma de pensamiento, condiciona la existencia humana al pensar científico. Un dilema finamente bien diseñado para darle soporte al stablisment; una manipulación que hace aberrante todo conocimiento que no provenga directamente del método científico. Lo cierto es que la existencia no está condicionada a nada que no sea exclusivamente la vida. Vivir es existir.
            Es imposible no pensar. Mejor aún, es imposible no investigar. Investigar es ordenar un cierto cúmulo de información con el objeto de resolver algún problema, desde lo cotidiano, hasta lo metafísico. Y de esto sabemos los hombres desde tiempos muy remotos, prescindiendo del conocimiento científico. Por tanto la ciencia se ha apropiado de algo que no le pertenece, porque la celeridad no es una solución en sí. En la naturaleza hay casos asombrosos donde los animales conviven armónicamente en su ecosistema. Los insectos, por ejemplo, resuelven problemas de una manera muy ingeniosa, (ver por ejemplo la tela de una araña o un panal de abejas) y no conocen la ciencia.
            Además, y en esto se debe hacer énfasis, todos sabemos que entender al cosmos como una cadena interminable de problemas y soluciones es una visión científico-técnica muy limitada. De hecho el cosmos es lo que es, no es un problema en sí mismo. La problematización es una variable científica y humana. Ese antropocentrismo desmedido en el cual hemos sumergido los más elementales eventos de la naturaleza. Hemos llamado al planeta Tierra, salvaje. Hemos hablamos de animales salvajes y peor aún, peligrosos, por hacer lo que su condición animal les atribuye hacer. Hemos tildado a la tierra de enemiga cuando tiembla, cosa que es natural en ella, y que siempre será así, nada podrá evitar eso. Y así, un interminable etcétera. La misión del hombre es acomodarse, no imponer, porque sencillamente es imposible imponerse a los elementos, al cosmos. Donde la ciencia ve problemas yo veo posibilidades de creación, adaptación, compasión y respeto.
            No se trata de destruir el conocimiento científico, sino de abrir un abanico de posibilidades para construir la vida futura, teniendo como fundamento el amor y el respeto.  Como diría Michel Foucault “no hay en el conocimiento una adecuación al objeto, una relación de asimilación sino que hay, por el contrario, una relación de distancia y dominación; en el conocimiento no hay nada que se parezca a la felicidad o al amor”  (Pág. 16. Las formas Jurídicas) Porque un cúmulo de conocimiento que no esté atravesado por lo actitudinal, esto es, mantener una actitud amigable y respetuosa con el ambiente que nos rodea, llámese animales, plantas, agua, tierra e incluso la humanidad en sí misma, carece de todo sentido.
            El Estado como garante de la libertad debe construir unas bases jurídicas sólidas, una base legal, que permita que el acto de investigar esté libre, como ontológicamente lo está, de cualquier atadura dogmática, religiosa o política. Que el acto de investigar, por ejemplo en las universidades y en las escuelas, pueda desencadenar en la construcción de proyectos bajo ópticas muy particulares, validadas socialmente o no; siempre que no atenten contra lo más primordialmente humano que es el amor y el respeto éntico.
            En consecuencia, mi planteamiento es muy claro: hay que, con urgencia, declarar ilegal, y bajo ninguna manera aceptable, la imposición de un modelo científico para la producción del conocimiento, tanto en las escuelas, como en las universidades. En segundo lugar, hay que declararse en rebeldía ante cualquier institución, nacional o extranjera, pública o privada, que intente u obligue usar algún tipo de metodología como única forma para la producción de conocimiento; y quienes obliguen a usar un determinado método so pena de reprobación, o so pena de ser excluido de instituciones, revistas, publicaciones, cargos, etc., este hecho debe ser considerado como delito de lesa humanidad. Y en tercer lugar, hay que fomentar la investigación como un acto libre, donde cada ser humano exponga la forma como se adapta a su entorno, sin mayores limitaciones que las que imponga la consciencia.


II


            Imaginar es mentir descaradamente y todos tenemos capacidad de imaginar. Es un libre ejercicio que se nos ha revelado en los sueños. La imaginación es el origen de todo conocimiento. Por tanto, todo conocimiento, de suyo, puede validarse solamente en tanto humano, no en tanto cosmos. La forma en que se ordena el cerebro es geométricamente. Uno de los axiomas principales es el de la selección. La recta es la distancia más corta que existe entre dos puntos. He allí el gran traspié del método, porque dos puntos se pueden unir de formas infinitas y no solo mediante la recta. Lo “corto” entre las distancias, que es la variable a la cual se le atribuye el peso más grande en dicha ecuación, responde solo a un modelo específico político-económico asociado con la optimización del tiempo. El paradigma de la modernidad es acortar el tiempo. Y eso es absolutamente improbable y absurdo, en primer lugar porque el tiempo no existe y en segundo lugar, porque la admiración y la contemplación, ejes fundamentales de toda filosofía, son procesos asentados, no precipitados.
            Si seleccionamos, excluimos necesariamente. Por tanto seleccionar es, de suyo, una forma de error; el ensayo y el error. Habría que actuar como el gas que no necesita llaves para entrar a nuestros hogares. Existe una forma de pensar en el TODO que no es accesible al cerebro humano, al menos no por ahora. Habría que pensar que para llegar de A a B existen formas astronómicamente más creativas y no sólo mediante una primitiva recta.
            René Descartes era consciente de la debilidad del método que proponía. “Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía”. (Descartes. El método. Pág. 19) El método científico propuesto por Descartes es un acto meramente especulativo; “las fábulas son causa de que imaginemos como posibles acontecimientos que no lo son”. (Ibídem), Además refiere: “Puede ser, no obstante, que me engañe; y acaso lo que me parece oro puro y diamante fino, no sea sino un poco de cobre y de vidrio. Sé cuán expuestos estamos a equivocarnos, cuando de nosotros mismos se trata, y cuán sospechosos deben sernos también los juicios de los amigos, que se pronuncian en nuestro favor.”
            Quizá la debilidad más importante en toda la propuesta cartesiana sea el hecho que no logra resolver cómo el pensamiento antecede a la existencia. De hecho, si dejamos asentar los juicios, si reflexionamos con claridad sobre este aspecto, nos daremos cuenta que es totalmente lo contrario: primero existo y luego pienso, no como pensaba Descartes. Es decir, sin existencia, sin vida, indudablemente no hay pensamiento, pero sin pensamientos puede haber existencia, excepto en la muerte, véase por ejemplo durante el sueño, durante los estados iniciales del embrión, en estados profundos de meditación, en estado de coma, en cualquiera de esos caso continúa la vida y no hay pensamientos, porque el pensamiento, como ya se ha dicho, es un acto consciente.
            Otro elemento que pudiera inferirse del método cartesiano es que fusiona razón con ciencia, y son dos conceptos, si no antagónicos, muy bien distanciados. La razón es un proceso mental forjado durante millones de años de desarrollo evolutivo del hombre. La razón es inherente a la mente humana. La ciencia es incidental, puntual y efectista. Por tanto, no podemos nunca pensar que la razón es propiedad de la ciencia, esto es, usar la razón no nos hace científicos, y esto es algo que no logra resolver el Discurso del Método.
            El mérito de René Descartes radica en la valentía de enfrentarse a la forma meramente especulativa de su tiempo, por una parte. Y por otra, porque él se propone ser método en sí mismo. Allí radica su importancia. Si algo debemos aprender del Discurso del Método, no es el discurso en sí mismo, sino a ser uno mismo; desarrollarse como método; ser en sí y para sí.
            La ciencia, por otra parte, puede abrumarnos por su extensión y su volumen de información, a diferencia de otros paradigmas, se propuso crecer para ser inalcanzable; difícil de asir. Se hizo, en primer lugar, un conocimiento permeable, y en segundo lugar, exponencial. La ciencia se apropió de la insatisfacción perenne para perpetuarse. Nos hizo creer que el cosmos es un problema cuando es todo lo contrario.
            Hoy en día hay tanto conocimiento científico que es imposible para cualquier humano adentrarse en el complejo entramado de cada una de las ramas que la componen.
            Ahora bien este ensayo no pretende renegar en contra de la verdad. Sino más bien pretende señalar que existe una VERDAD superior, cósmica, astronómicamente inalcanzable para nuestro primitivo cerebro y una verdad científica que pretende imponerse como forma de vida en la tierra. La verdad cósmica existe, de lo contrario no orbitarían los planetas, ni se unieran las células para formar el cuerpo, ni existiera la luz; sin embargo, las claves para descifrar esos algoritmos son inaccesibles para los seres humanos. Las hormigas no tienen consciencia del espacio sideral, y no por ello esto último deja de existir. Así el hombre ignora una descomunal cantidad de información que no es accesible a su ínfimo cerebro, y esto no debería causarnos estupor, ni alarma, ni extrañeza.
            Necesitamos aprender a vivir y convivir entendiendo nuestra condición humana, ínfima, minúscula, pero no insignificante. Las explicaciones sobre qué somos los humanos, que van desde que somos una creación divina, un experimento, un simple incidente en el basto universo, son irrelevantes si antes no partimos del amor y el respeto al todo en su conjunto.
            La VERDAD es lo que es, no necesita explicación o justificación. Entender el mundo como una sucesión de problemas sin solución de continuidad es una estupidez. De tal manera que la verdad no le pertenece a nadie, no es propiedad de nadie, simplemente está allí como el oxígeno que respiramos. Cualquier forma de imposición o de avasallamiento es ilegítima e injusta, porque ningún ser humano tiene autoridad para calificar inferior a otro, tomándose como referencia a sí mismo.
            ¿Cuántos etnocidios, genocidios, etc., se han cometido en nombre de la verdad? Cristóbal Colón escribía a los reyes de España:
            A la primera que yo fallé puse nonbre Sant Saluador, a comemoración de su Alta Magestat, el qual marauillosamente todo esto an dado; los indios la llaman Guanahani. A la segunda puse nonbre la isla de Santa María de Concepción, a la tercera, Ferrandina; a la quarta, la isla Bella, a la quinta, la isla Juana, e así a cada una nombre nueuo. Cristóbal Colón. Carta a los Reyes de España. 1493.
            Sin duda, la llegada de los españoles a tierras de lo que hoy se conoce como América es la historia de la expropiación de territorio más grande de la que se tenga conocimiento en la humanidad (unos 43 millones de kilómetros cuadrados), con las consabidas consecuencias que eso trajo. Sin embargo, no es allí donde quisiera detenerme. El verdadero avasallamiento está en pretender nombrar al mundo de una forma particular y ajena al individuo. En esa época se hizo a través del uso de la pólvora.
            Hoy en día existen otros procesos más sutiles donde el hombre es despojado de sus actos conscientes mediante macromodelos que imponen los centros de poder. La producción de conocimiento en las universidades, por mencionar solo un ejemplo, está supeditada a un entramado metodológico cimentado en las normas APA (American Psychological Association –APA-), bajo el título Publicación Manual of the American Psychological Association), en el cual establecen unos criterios totalmente absurdos y homogeneizantes, desconociendo todo principio de libertad individual y creación. Cabe destacar que las normas APA, y todas sus variantes y adaptaciones, como el Manual de Trabajos de Grado de Especialización y Maestría y Tesis Doctorales de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, son expresiones de avasallamiento y bajo ningún aspecto aceptables como única metodología para realizar procesos de investigación. La estandarización como fenómeno, atenta contra las más elementales libertades humanas, como son las de crear y disentir.