lunes, 26 de diciembre de 2016

ALQUIMIZAR LA INTELIGENCIA



PDVSA nunca debió ser una empresa de petróleo, exclusivamente, sino de energía en su conjunto; lo que es distinto. La visión tiene que ser expansiva. Esta empresa debió siempre poner su empeño en la búsqueda de energías alternativas, más amigables con el ambiente. Primero,  para expandir su negocio; segundo, para dejar de depender de esto que han llamado, acertadamente, “la mierda negra” y tercero porque, (quiéranlo o no), el petróleo tienes sus días contados sobre la tierra. Hoy PDVSA debería llamarse Energías de Venezuela. Deberíamos tener miles de campos eólicos, miles de paneles solares, centrales hidroeléctricas. Además, una parte importante de sus ganancias debió siempre estar destinada al conocimiento, a la formación de especialistas en energía,  a la investigación, desarrollo y aprovechamiento de modernas formas de concebir, usar y entenderla. Hoy el mundo debería estar comprándole energía a Venezuela, porque llegamos a ser los más grandes productores de energía del planeta. No lo supimos. No lo entendimos. Nos dejamos cegar por el montón de dinero que le entró a Venezuela durante TODO el siglo XX por concepto de la venta del hidrocarburo. 100 años de extracción inescrupulosa y sin visón.
El asunto no era sembrar el petróleo; el asunto fue, es y seguirá siendo -mientras nadie lo comprenda-, que debemos buscar otras semillas; esto es, invertir en conocimiento, ser pioneros en el desarrollo de nuevas formas de energía. En el artículo del Uslar no hay visión tampoco del negocio. Para él, la idea era exclusivamente invertir las ganancias en el sector I y II. Cito: "Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales." (Pietri, 1936, Diario El Caroreño).
          En consecuencia, no necesitamos sembrar el petróleo, necesitamos alquimizar la inteligencia, es decir, transmutar nuestros pensamientos, nuestra mente, desarrollar nuestra capacidad como venezolanos para ser pioneros en nuevas energías en el mundo moderno, partiendo de la inversión en educación.