domingo, 7 de mayo de 2017

SOBRE EL ARTE DE NO DECIR NADA

Hay una gran diferencia entre cantinflear y no decir nada. Cuando cantinfleas existe una intencionalidad particular; pretendes, enredando el discurso, convencer a otro de algo. En nuestro país diríamos que estás mareando a otra persona. Sin embargo, cuando no dices nada, dejas que las palabras simplemente se vayan por el caño o que, peor aún,  se abracen a las columnas del silencio como el borracho que ya no puede con su alma. Cuando no dices nada -como acto consciente-, estás intencionalmente  no queriendo decir nada; eso quiero decir, interplanetarios. Ahora, no me refiero en este caso a aquellos que nunca dicen nada, consciente o inconscientemente, y asumen que están resolviendo asuntos medulares de la existencia. Eso es harina de otro costal.